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Las historias reales que inspiraron a la película “Adú”

La película Adú llegó a Netflix y los usuarios le dieron una exitosa bienvenida: ya está dentro del ranking de los diez films más vistos en nuestro país. Las historias reales detrás de la trama resultan desgarradoras y fueron las que inspiraron al director español Salvador Calvo a llevar a la pantalla el drama migratorio.

En su primer fin de semana la película recaudó más de un millón de euros en España: protagonizada por Luis Tosar y Anna Castillo cruza distintas realidades a lo largo de las casi dos horas de duración, bajo el mensaje de que una vez que sus vidas se choquen no volverán a ser las mismas personas.

El niño que se roba todas las miradas es Moustapha Oumarou , quien caminaba por la aldea africana de Parakou cuando se cruzó con el director. Calvo buscaba un actor para su film, y lo sorprendió el desparpajo del pequeño. Luego quedó atónito cuando le preguntó su edad y supo que tenía 6 años, al igual que el verdadero Adú, que existió en la vida real y decidió homenajearlo poniéndole su nombre a la película.

En 119 minutos los destinos de distintas personas están a punto de chocar: por un lado, un niño de seis años y su hermana mayor esperan atentos para meterse a escondidas en las bodegas de un avión en Camerún rogando que su único boleto a Europa se concrete; por otro un activista ambiental que enfrenta desafíos; y un grupo de guardias civiles que son testigos de la desesperación de los saharianos por saltar las vallas.

Las historias reales que inspiraron Adú

En una entrevista con Sensacine, Calvo recordó que todo comenzó cuando estaba filmando 1898: Los últimos de Filipinas en Canarias. Muy cerca de donde rodaba había un centro CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado), y su pareja estaba haciendo un voluntariado.

Fue gracias a la experiencia de su pareja que conoció historias impactantes. “Fueron muchas las cosas que vimos, pero recuerdo que una vez un niño de 6 años, la misma edad que nuestro protagonista, llegó con su madre y sus dos hermanas en la patera (embarcación generalmente utilizada por los inmigrantes para viajar)”, contó.

“Descubrieron que el niño no era hijo suyo y que ella lo traía para desguazarlo , para venderlo como órganos para una red de tráficos de órganos que tiene su entrada en Canarias y luego se distribuye por toda Europa”, reveló conmovido.

La otra historia que lo dejó sin aliento fue la de un adolescente somalí de 15 años que tuvo que escapar de su casa porque era abusado sexualmente todas las noches por su tío y sus amigos: “Era sobrino de un señor de la guerra. Se lo contó a su padre y su padre le dijo: ‘Mira, yo no te puedo defender. Vas a tener que huir”.

Aquel joven atravesó solo todo el desierto del Sáhara, y tuvo que prostituirse para conseguir los 3500 euros que cuesta el viaje en una embarcación para llegar a la costa de Marruecos. “También había sido esclavo en Libia, cuando finalmente llegó a Europa, a la semana se murió de SIDA “, relató compunjido.

“Siempre recuerdo a ese niño en el hospital diciéndome: ‘No me puedo morir después de este viaje y de conocer, por fin, lo que es la vida”, sentenció el director de cine. Así fue como se le ocurrió combinar todas las historias de vida que conoció durante esos meses y que haya pequeños guiños en honor a las personas que admiró por su fortaleza y resiliciencia.

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